martes, 17 de abril de 2012

Mírame


Mírame, estoy aquí con las grietas de mi vida. Me han dejado hundido en la nada de mi existencia. Piensa un poco en lo que he soportado. No me avergüenzan mis grietas, son mías, mi historia. No temo a vivir, temo a quien quiera matar el amor por no vivirlo.
Estoy aquí, clamando tu mirada. En verdad no quiero tu lástima sino tu compasión; quiero que sientas conmigo, que te hagas uno con mi dolor y experimentes la pobreza de saberse naufrago en un mundo donde todos proclaman el amor, la paz, la justicia, la igualdad. Soy un mendigo, un pordiosero, un desecho.
Tú dices que no puedes lograrlo, si tienes la capacidad para hacerlo.
Tú dices que no tienes los recursos, cuando hay un mundo esperándote.
Tú dices que no hay esperanza, si sólo es cuestión de que brilles con luz propia.
Tú dices que no gozas de salud, cuando sólo estás enfermando tu corazón.
Tú dices que no hay oportunidades, si estás en pie.
Yo, aquí con mi pobreza sólo puede abrazarte.
Yo, aquí con mi desaliento creo en ti.
Yo, aquí con lo que puedo ser estoy siendo.
Sí, estoy esperando que me mires y me tomes en tus brazos.
Sí, estoy confiando en este momento, el único que tienes para saberte humano.
Eres tú la luz del mundo, ilumíname.
Eres tú el camino, guíame.
Eres tú la vida, dámela.

lunes, 2 de abril de 2012

Teólogo: un ser casi imposible


A mucha gente le extraña que siendo teólogo y filósofo de formación me meta en asuntos ajenos a estas disciplinas como la ecología, la política, el calentamiento global y otros.

Yo siempre respondo: hago teología pura, pero me ocupo también de otros temas justamente porque soy teólogo. La tarea del teólogo, ya lo enseñaba el mayor de todos, Tomás de Aquino, en la primera cuestión de la Summa Teológica es estudiar a Dios y su revelación, y después todas las demás cosas «a la luz de Dios» (sub ratione Dei), pues Él es el principio y el fin de todo.

Por lo tanto, corresponde a la teología ocuparse también de otras cosas que no son Dios, pero haciéndolo «a la luz de Dios». Hablar de Dios y también de las cosas es una tarea casi irrealizable. La primera: ¿Cómo hablar de Dios si Él no cabe en ningún diccionario? La segunda: ¿cómo reflexionar sobre todas las demás cosas, si los saberes sobre ellas son tantos que nadie individualmente puede dominarlos? Lógicamente, no se trata de hablar de economía como un economista o de política como un político, sino de hablar de tales materias en la perspectiva de Dios, lo que presupone conocer previamente esas realidades de forma crítica y no ingenua, respetando su autonomía y acogiendo sus resultados más seguros. Solamente después de esta ardua labor, puede el teólogo preguntarse: ¿Cómo quedan esas realidades cuando son confrontadas con Dios? ¿Cómo encajan en una visión más trascendente de la vida y de la historia?

Hacer teología no es una tarea como cualquier otra, como ir al cine o al teatro. Es una cosa serísima pues se trabaja con la categoría «Dios», que no es un objeto tangible como todos los demás. Por eso no tiene ningún sentido la búsqueda de la partícula «Dios» en los confines de la materia o en el interior del «Campo Higgs». Eso supondría que Dios sería parte del mundo. De ese Dios soy ateo. Sería un pedazo del mundo y no Dios. Hago mías las palabras de un sutil teólogo franciscano, Duns Scotus (+1308) que escribió: «Si Dios existe como las cosas existen, entonces Dios no existe».

Es decir, Dios no es del orden de las cosas que pueden ser encontradas y descritas. Él es la Precondición y el Soporte para que esas cosas existan. Sin Él las cosas habrían quedado en la nada o volverían a la nada. Esta es la naturaleza de Dios: no ser cosa sino el Origen de las cosas.

Aplico a Dios como Origen lo que los orientales aplican a la fuerza que les permite pensar: «la fuerza por la cual el pensamiento piensa, no puede ser pensada». El Origen de las cosas, no puede ser cosa.

Como se deduce, es muy complicado hacer teología. Henri Lacordaire (+1861), el gran orador francés, dijo con razón: «El doctor católico es un hombre casi imposible pues tiene que conocer todo el depósito de la fe y los hechos del papado y también lo que san Pablo llama los Elementos del mundo, es decir, todo todo». Recordemos lo que afirmó René Descartes (+1650) en el Discurso del Método, base del saber moderno: «si yo quisiera hacer teología, tendría ser más que un hombre». Y Erasmo de Roterdam (+1536), el gran sabio de los tiempos de la Reforma, observaba: «existe algo de sobrehumano en la profesión de teólogo». No nos admira que Martin Heidegger haya dicho que una filosofía que no se ha enfrentado a las preguntas de la teología, no ha llegado plenamente a sí misma. Digo esto no como automagnificación de la teología sino como confesión de que su tarea es casi impracticable, cosa que siento día a día.

Lógicamente, hay una teología que no merece este nombre porque es perezosa y renuncia a pensar en Dios. Solamente piensa lo que los otros han pensado o lo que han dicho los papas.

Mi sentimiento del mundo me dice que hoy la teología en cuanto teología tiene que proclamar a gritos: tenemos que conservar la naturaleza y entrar en armonía con el universo, porque son el gran libro que Dios nos ha entregado. Ahí se encuentra lo que Dios nos quiere decir. Porque dejamos de leer este libro, nos dio otro, las Escrituras, cristianas y de otros pueblos, para que reaprendiésemos a leer el libro de la naturaleza. Hoy está siendo devastada. Y con ella destruimos nuestro acceso a la revelación de Dios. Tenemos pues que hablar de la naturaleza y del mundo a la luz de Dios y de la razón. Sin la naturaleza y el mundo preservados, los libros sagrados perderían su significado que es reenseñarnos a leer la naturaleza y el mundo. El discurso teológico tiene, pues, su lugar junto con los demás discursos.





Leonardo Boff

Seguir caminando



Cuando a mi derecha y a mi izquierda no haya nadie, caminaré.
Al saber que la luz está por esconderse, caminaré.
Con los ojos lubricados por la sed del corazón, caminaré.
Sin la sonrisa en la mirada, caminaré.
Descubriendo soledades de hie...l, caminaré.
Encontrando pedazos de carcajadas, caminaré.
Caminaré en la esperanza del peregrino.
Caminaré con la ligereza del trovador.
Caminaré escuchando a los ancestros.
Caminaré para descubrir el cobijo del viento.
Caminaré para arroparme en los abrazos del silencio.
Caminaré permitiéndome tropezar... y seguir caminando.

lunes, 26 de marzo de 2012

Círculos



La Fuerza del Mundo actúa siempre de forma circular.

El cielo es redondo y he oído decir que la Tierra es redonda como una pelota, al igual que las estrellas.
El viento nunca sopla más fuerte que cuando da vueltas.
Los pájaros hacen nidos circulares, pues su religión es la misma que la nuestra.
El sol se alza y vuelve a caer en círculos.
Lo mismo hace la luna y ambos son redondos.
Hasta las estaciones forman un círculo con sus cambios y siempre vuelven al punto de partida.
La vida del hombre es un círculo que va de niñez a niñez.
Y así sucede con cuanto lleva fuerza en su interior.




Alce NegroSiux oglala (1863-1950)

Signo de Universalidad...


[...] había unos griegos que se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: "Señor, queremos ver a Jesús". Esta es una de las citas con las que iniciaba el Evangelio en el quinto domingo de Cuaresma.
Estas palabras que nos anuncia Juan son de importancia, pues los helénicos que están dentro de Palestina no son de la muchedumbre, son de la clase acomodada, de la élite de la época. Ellos, quieren que les presenten a Jesús, a ese hombre que está causando revuelo en aquellos poblados.
Los griegos hombres de razón, de discurso son los que van en busca de Jesús; ellos se acercan a Felipe quien va con Ándres para decirle lo que está pasando, y éste a su vez va con Jesús quien dicta un discurso para dar respuesta a la visita de estos hombres.
La situación es importante, dado que aún no siendo seguidores de Jesús quieren descubrir por sí mimos qué es lo que hay en este hombre que tiene tantos adeptos; el mensaje, el testimonio, la vida de éste les causa intriga. Tal vez, quieren argumentar y contra argumentar la postura de ellos con Jesús, sin embargo, sólo "quieren verle".
Aquí encontramos el signo de la universalidad del mensaje del Jesús Histórico, quien no sólo ha venido por los de su pueblo sino por los que no son de su rebaño. Los matices de transcofecionalidad que se dan en la época son de suma importancia, ya que ahora nos encontramos ante una situación muy similar; el hombre y la mujer contemporáneos preguntan, van al hecho mismo, aplican juicios de valor, se consumen por conocer a quienes están haciendo cambios sociales, políticos, culturales; desean estar cerca de aquellas personas que están cambiando las conciencias y que no sólo están actuando como los grandes jefes de la política, de la religión o de la cultura mirando desde arriba. Los griegos son esa imagen de quienes no sólo se quedan con la borregada sino que nos abren los ojos para que veamos, escuchemos, vayamos a "ver". Los griegos, representan a los extraños de la época; hombres y mujeres que necesitan de una mirada, de una palabra de aliento que les anuncie la esperanza para sus corozanes. Aunque ellos no son monoteístas tienden a una persona que ha manifestado a un sólo Dios, su Padre, quien lo glorificará.
Siendo extrajeros, extraños podemos escuchar a quienes traen noticia de esperanza, no sólo quienes pertencen a un grupo pueden tener acceso al mensaje. Seamos como los griegos que se acercaron a Felipe para ver a quien trae esperanza y descubramos que todos en este mundo podemos contribuir para el cambios social, tenemos que abrir nuestra mente y nuestro corazón a las propuestas de quienes nos abonan signos de paz y esperanza en este contexto de oscuridad y pesadumbre.

lunes, 1 de agosto de 2011

Japa Mala (Rosario tibetano)


Es común ver cómo en algunas tiendas o puestos en los tianguis culturales encontramos símbolos sagrados de otras religiones. Algunos de esos artículos sólo son para algunos un mero accesorio y no saben de dónde proviene o cuál es el uso principal de dicho artículo.
Caso es el de los Japa Mala o comunmente llamado Rosario tibetano. Hace unos días y sólo por curiosidad me acerqué a un puesto de un tianguis cultural donde había un puesto dedicado a la venta de Japa Mala, es curiso saber que las personas que estaban vendiendo sólo decían: Es un Rosario tibetano, haces un "mantram" y lo repites y lo vuelves a repetir. Su función es llevarte a lo que quieres. Vaya respuesta. Por eso ahora dejamos en esta entrega un poco de lo que es el Japa Mala. Así cuando quieras adquirir uno, ya sabes qué es, para qué es y cuál es su función dentro del budistmo.
Un Japa Mala tiene 108 cuentas con una extra que va en medio.que termina con una cuenta alargada (que representa el Monte Meru o Morada de los Dioses). Esta cuenta alargada nunca debe ser pasada por los dedos pues sería atravesar el lugar de residencia de los Dioses, un lugar Sagrado. Luego, para volver a dar una nueva vuelta al mala, se debe girar y volver hacia atrás.

Las esferas pueden ir talladas con los 108 nombres que tiene Dios. Se fabrica, principalmente, con madera de Tulasi, pero puede ser de otra clase de madera o de plástico. Llevan un nudo entre cada cuenta, y luego las primeras ocho se separan atando un hilo entre la octava y novena cuentas.

El mala también es usado en la tradición budista, especialmente en las escuelas tibetanas, en las que la recitación de mantras juega un rol primordial.

En la japa de Tulasi se empieza por la cuenta más grande (1) y se termina una ronda por la más pequeña (108). La siguiente ronda se empieza con la cuenta con que se terminó (108), siempre sin saltarse la cuenta central, ida y vuelta sucesivamente.

La japa se toma en la mano derecha con los dedos medio y pulgar, con cada cuenta se canta el maha-mantra completo, Hare Krsna, Hare Krsna, Krsna Krsna, Hare Hare, Hare Rama, Hare Rama, Rama Rama, Hare Hare. Cada cuenta se mueve con estos dos dedos mientras se canta, como si se frotara.
Significado simbólico de los dedos:“Antes que nada deben conocer el simbolismo de los dedos. El dedo pulgar representa a Brahma (Dios), el Eterno Absoluto, el Principio inmanente. El dedo índice, que señala a esto y aquello, ustedes y el otro, es el individuo, que se siente separado y distinto. Cuando estos dos se unen en la punta, sostenidos en esta posición, es el gesto de la sabiduría o Jñana Mudra, pues la sabiduría consiste en que el individuo se vuelva uno con Dios, la fusión de aquello que sentía haber emergido. Los tres dedos (medio, anular y meñique) representan a la naturaleza, el mundo objetivo, que es negado cuando se efectúa la fusión. Son las tres características de la naturaleza o gunas, el sátvico (pureza), el rajásico (pasión) y el tamásico (inercia), que con su interacción crean el mundo fenoménico”

Citas de cartas [editar]Citas de cartas de Divina Gracia A.C. Bhaktivedanta Swami Prabhupada de cómo cantar japa:

“Al cantar japa se puede hacer en voz baja o alta, está bien. No existe la restricción de que deba cantarse en silencio. Lo importante es que se debe cantar atentamente, escuchando la vibración sonora muy claramente.”-Carta 8/3/69.

“La japa se debe cantar temprano en la mañana con completa concentración, de preferencia durante las horas de Brahma-muhurta [aprox. hora y media antes del amanecer]. Concéntrese por completo en la vibración sonora del mantra, pronunciando cada nombre claramente..”-Carta 6/1/72.
Japa significa “repetición” y mala significa “círculo”. En síntesis, japa mala es la repetición del nombre en círculos. El mala nos enseña qué es la unidad, ya que sus 108 cuentas están unidas a través de un hilo.

Significado de los números (numerología)

El japa mala posee 108 cuentas, porque la suma lineal del número 108 da como resultado el número 9. El 9 es un número sagrado y representa la perfección; es el número indestructible e inmutable; esto debido a que cualquier número multiplicado por 9, al sumar, el resultado es 9.

El 108 también tiene otro significado:

el 1 representa a Dios y no tiene ningún semejante; el 0 representa que no hay diferencia entre Dios; representa el ser cósmico o macrocósmico; el 8 es el resultante de la suma de 5 más 3, representando al ser microcósmico; el 5 representa los elementos, y el 3 representa las funciones que cumple el manas o la mente (Ahankara – Chitta – Buddhi).
Algunos términos importantes :Ahankara: representa el ego, la percepción de uno mismo, la personalidad del ser.

Chitta: representa la conciencia y el material de la conciencia que registra la mente.

Buddhi: representa la inteligencia, con la cual podemos elegir y discernir.

También se usan 108 cuentas, por la multiplicación de 12 por 9, ya que el 12 es el número de Adityas (los descendientes de Aditi). El 12 representa entonces las formas de los hijos de Aditi, los cuales iluminan y de esa forma revelan el mundo objetivo.
Aditi: Es la madre de todos los dioses, es la personificación de la Naturaleza o Ser Universal que lo contiene todo.
El 108 representa, entonces, “que Dios no tiene diferencias con el ser“; no hay diferencias entre el Universo y nuestro propio universo.
Son 108 los nombres que posee Dios, también son 108 los Upanishad (análisis de las escrituras sánscritas o veda, que significa “sabiduría”. En el lenguaje de los dioses asiak y oxximo, significa que es revelada a los hombres

Desde el silencio.


Es en el silencio, en el estado de no-mente donde se halla la claridad de la armonía de la existencia. Es el silencio la piedra angular de la existencia, así como el silencio antes de ser murmullo, susurro, palabra en la elaboración del pensamiento es sólo un eco de lo infinito.
Somos infinitos cuando somos silencio. En el estado de no-mente sólo somos; nos mostramos como cuando estábamos en el vientre materno, sólo en ese estado podemos tener contacto directo con nosotros mismos. Haciendo y siendo silencio nos damos cuenta que todos los fenómenos que aprehendemos con los sentidos son sólo una ilusión para nuestro estado más puro el SER trascendente e infinito. Aquí no hay tiempo, somos eternidad. Dejamos de aprehender sensitivamente y somos uno, sólo uno. Nuestra disgregación de existentes arrojados al mundo se unifica, se armoniza con el universo. Se vive en una alegría en el gozo de la danza con la existencia, que no está disuelta como la vivimos de cotidiano, ella es una. Y este ser una se debe a que la existencia sólo es, y siendo se vive en silencio. Ella, (la existencia) fluye con lo que hay. Los árboles, los ríos, las aves, las rocas, sólo son. Viven y danzan en su existencia disfrutando al máximo su ser silencio estando en donde tienen que estar, sin prisas por dar fruto, por volar, por entonar su canto, sólo está la existencia.
La existencia necesita del silencio para mostrar la riqueza de la armonía universal, para dar a conocer la grandeza de lo Uno, de lo Eterno, de lo atemporal, de Dios. Somos silencio encarnado, sólo basta que encarnemos el silencio desde nuestra existencia.
La unificación con nosotros mismos no está en las grandes escuelas de espiritualidad, éstas sólo nos dan el método, la posibilidad de saber que podemos llegar a nuestro estado natural. Ir al silencio es una necesidad primaria como es comer, dormir, asearnos, etc., es la más primaria de las necesidad pues ahí podemos encontrar el sentido a nuestro estar en el mundo.
Así como el universo nos da la armonía de la música, también nos da el sonido del silencio para que seamos presencia en nosotros mismos.